" Mi normalidad es sentirme sola y triste
y reflexionar sobre
la ironía de vivir estando muerta
o morir sin estar
viva."
Drew Cabral
Hacía más de un año que no visitaba a mi
terapeuta, hacía más de un año que no me tomaba mis medicamentos y todo
marchaba extrañamente bien. Sin embargo me sentía lejana, me sentía diferente,
me sentía otra, me sentía extraña. Ya no escribía, sólo de vez en cuando
en mi diario pero eso no bastaba, ya no podía decirme a mí misma escritólica ni
sabía cómo es que había escrito tantas cosas años atrás.
No me había dado cuenta en el zombie en el que me
había convertido hasta que lo volví a ver. Alguien de quien no he hablado en
ninguna de mis reflexiones anteriores, un amigo que estuvo presente en una de
las crisis más importantes de mi vida o de mi demencia, él, a quien vi sufrir
verdaderamente la primera vez que casi le pongo fin a mi existencia. A él, está
dedicada esta reflexión.
Han pasado apenas cuatro días desde que te vi y
has puesto mi mundo de cabeza, me hiciste volver a lugares de mi mente que creí
que ya no existían, lugares de mi conciencia que había mantenido a raya, pero
no te preocupes, no es para nada lo que podrías estarte imaginando, me refiero,
a que me devolviste a aquel lugar en mi trastornada personalidad en que mi
dolor es convertido en letras, ese espacio fuera de esta realidad en la que soy
capaz de escribir para llorar lágrimas de tinta en lugar de sólo retenerlas
hasta que la gente se da la vuelta.
Aunque mi mente ya no
se pasa el día planeando la mejor manera de abandonar el mundo antes de la
fecha por Dios prevista, aunque ya no he vuelto a cortarme ni a tomar pastillas
como si fueran caramelos, aunque ya no lloro desesperadamente todos los días en
la regadera para que nadie se dé cuenta, aún siento dudas, tristeza,
melancolía, cansancio espiritual y hasta he sentido que he perdido la fe en el
amor. Sí, aún soy dramáticamente
exagerada. Pero el problema era que ya ni siquiera usaba esa pésima forma de
ver las cosas para hacer lo que me apasionaba cuando nos conocimos: escribir.
Tal vez este texto no tiene ni pies ni cabeza,
tal vez creo estar diciendo muchas cosas y en realidad no he dicho nada.
Perdóname. Estoy oxidada. Pero aquí estoy, intentándolo de nuevo y con un río
de ideas en mi cabeza, con historias de amor que escribir, con poesía y
ensayos, con nuevas preguntas, con el deseo de volver a pensar, con el deseo de
recuperar lo mejor de mí que perdí cuando comencé a caer, cuando comencé a
reír, comencé a rezar y a creer.
El hospital psiquiátrico quedó atrás, no estuviste cuando sucedió todo eso, me
alegro, pues no hubiera soportado ver de nuevo tu mirada desconcertada y el
dolor en tu rostro al verme derrotada. No hubiera soportado que me vieras
cuando decidí dejar de pelear y quise entregarme a la muerte. Me alegra que
hasta hoy nos hemos reencontrado para que vieras a la mujer que soy, un tanto
robótica pero estable, y que además me hayas dado esta rara sensación de
familiaridad que me hace querer ser las cosas que era y que valorabas de mí
hace 10 años, dejando a un lado las malas rachas, volver a ser la escritora, la
consejera, la amiga que fui alguna vez, viniste a aceitar esta oxidada mente
que se había acostumbrado a dejar que otros pensaran por ella.
Creo que no lograré decirte ni con todas las letras del mundo, que te agradezco
porque me has devuelto a la vida, pues hasta ahora, sólo había estado
sobreviviendo, ahora deseo de nuevo, ahora escribo de nuevo, ahora sonrío de
nuevo con solo pensar en ti.
Me has devuelto a mi normalidad.
-Y ¿qué normalidad es esa?- pregunta mi terapeuta
-Cuando dejé de desear morirme, también dejé de
hacer muchas cosas de las que me enorgullecía de mi misma, y aunque no lo había
admitido, me avergüenzo un poco de la persona en la que me he convertido.
-Pero si eres la perfección andando- contestó un
tanto sarcástico, no era ateo pero tampoco era católico y después de tantas
sesiones juntos había aprendido que no le parecía la forma en la que había
abrazado mi religión.
-No es necesario que te burles de mi.
-No me burlo, eres tú la que dejó de venir a
sesiones porque ya estaba bien su vida, si mal no recuerdo dijiste: ahora ya no
tengo más pensamientos suicidas, voy a misa varias veces por semana, no
necesito con quien platicar porque en mi oración me dejo guiar por el Espíritu
Santo, me confieso y comulgo, ya no le hablo mal a las personas, trato de
ayudar siempre que puedo sin esperar nada a cambio, y otro montón de cosas, tú
te diste el alta, no yo.
No supe qué decir, era mi letanía de todos los
días, las razones que me daba a mi misma diariamente para convencerme de que
ahora estaba mejor que nunca, y tal vez algunas cosas estaban mejor pero
no todo y eso me pesaba.
-Además, ¿por qué dices que regresaste a tu
normalidad? ¿no dices que lo acabas de ver el fin de semana? ¿cómo pudo cambiar
tu vida en estos días?
-Cuando mi ex se fue, sólo pensaba en cómo
sobrevivir día a día, cómo llenar los huecos, con tal de no sentir el vacío que
dejó comencé a llenar mi vida de actividades, aun cuando no me convencieran del
todo, aun cuando me causaran otro tipo de vacíos, estaba viviendo día a día,
pensando "hoy puedo sobrevivir sin él", hoy, hoy, hoy. Ya no
escribía porque no me apetecía pensar en nadie más, sólo quería aprender a
vivir sin él. Cuando me encontré con E el sábado, después de platicar muchas
horas, me dí cuenta que me avergonzaba la mujer a la que había venido a ver, a
la mujer a la que había encontrado, pero en lugar de pensar en algo igualmente
tonto como: voy a tratar de ser la mujer a la que él aprendió a querer, o la
mujer de la que él se pueda sentir orgulloso, pensé, voy a recuperar a la mujer
de la que yo me sentía orgullosa, alguien de quien no me avergüence,
reconociendo lo que ya hago bien y corrigiendo lo que hago mal, lo que hago por
inercia, lo que no me hace sentirme viva.
-Y ¿piensas retomar la terapia?, ¿o sólo viniste
a saludar?
-Quiero retomar la terapia, pero no quiero volver
a tomar medicamentos, me atrofiaron el cerebro, cuando los tomaba fue cuando ya
no pude volver a escribir, y estos días después de verlo, he tenido más ideas
de las que mi mano torpe alcanza a escribir. Terapia, sin medicación o no
regreso.
-Sabes que el Trastorno Limite de Personalidad no
se cura y que el medicamento que tomabas era sólo para ayudar a minimizar los
síntomas secundarios de este trastorno. Si vas a volver a terapia deberías
tratarte como se debe.
-Sin medicamento, no es negociable.
-Podemos intentarlo, después de todo llevas más
de un año sin seguir el tratamiento y dices que no has vuelto tener una crisis
suicida ¿no?
-Ninguna, es extraño, no me termino de
acostumbrar, creí que me sentiría así toda mi vida.
-Y ya no sientes ganas de morir
-Ya no sentía ganas de nada, sólo quería llevar
una vida tranquila y esperar a que Dios me llamara.
-Eso sólo me parece una forma pasiva de querer
morirse
-Lo sé, pero E me
recordó quién era, no cómo me sentía, sino quién era, qué cosas hacía, qué
cosas era capaz de hacer antes de mi relación con Dios y con mi ex, de mi
capacidad de amar y de enamorarme, no sé si vuelva a encontrar a alguien con
quien desee pasar el resto de mi vida, pero sí quiero volver a enamorarme y
escribir poesía, historias, canciones, quiero volver a emocionarme porque
alguien me llama, me busca, me abraza, quiero volver a imaginar historias y
plasmarlas en hojas blancas impacientes por ser usadas, quiero volver a VIVIR.
-Me alegro, espero
poder conocer un día al hombre que ha provocado esto. Porque francamente creí
que terminarías encerrada de nuevo.
-¿En el
psiquiátrico?
-No, peor aún, en
un convento.
Drew Cabral