miércoles, 20 de junio de 2012

Reflexiones de una enferma mental...

Después de mis dosis diarias de medicamentos que sirven para mantener tranquila la conciencia de mi esquizofrénica madre y del inútil de mi psiquiatra, me siento en el diván dispuesta para una sesión más de charlatanería respaldada por un titulo profesional.

El tratamiento está dando el mismo resultado que una limpia en la planta alta del Mercado Corona, pero un poco más cara y menos mal vista por mis amigos más cercanos.

Me pregunta el psiquiatra cómo me ha ido últimamente desde que me dieron el alta y le digo que aunque parezca imposible hay algo que me vuelve más loca que el seudo-divorcio de mis padres, mi compromiso matrimonial cancelado y mis hermanas y sus desplantes: las redes sociales y los medios de comunicación.

El psiquiatra, que no me escucha para variar y sólo hace anotaciones en su iPad (seguro está en el Facebook), sólo asiente y me dice que continúe, así que continuo.

El maldito whatsapp y su habilidad para decirme quién ya leyó mis mensajes y me está ignorando, o el ausente "últ. vez hoy a las..." que me hace preguntarme si me han bloqueado. La brillante idea de Facebook y su in-box que me dice "leído a las..." para que me provoque ataques de ansiedad más rápido que los comentarios mezquinos de mi madre porque no dejo de pensar en ¡por qué demonios no me contestan!.

Ver conectados a mis amigos horas y horas al día en la red y luego cuando pregunto si tienen tiempo de salir resulta que están súper ocupados.

Y tener a la mano todas y cada una de las formas de comunicación moderna y sentirme totalmente desconectada del mundo.

Las voces en mi cabeza se han modernizado, ya no me dicen las mismas cosas con las que me atormentaban en mi infancia. Ahora se ríen y me resaltan cuando alguien ha leído mi mensaje y no me contesta pero ya publicó otras cosas en su muro. Me señala cuando mi pretendiente está en línea en el whatsapp pero no me saluda o si me saluda no platica conmigo pues sabrá dios con quién esté platicando.

Dicen cantidad de cosas y me hacen imaginar millones de situaciones deprimentes y a veces hasta humillantes y no logro hacer que se callen y me dejen ser feliz.

Lo peor es que mi adicción a estos medios crece día con día a la par de mi adicción al medicamento y por más que lo intento no dejo de husmear en la vida de los demás sólo para darme cuenta que hace mucho que me volví sólo una espectadora y esa etiqueta de "amiga" es una mera formalidad del face...

Drew Cabral ®