En algún momento dentro de algunos años...
-¿Qué hicieron tus amigos cuando te diagnosticaron?- pregunta mi editor. Llevaba tiempo publicándome y se había dado cuenta de la realidad que ocultaban mis historias. La última, sobre una chica con Trastorno límite de la personalidad, Trastorno distímico y Trastorno depresivo mayor lo había dejado inquieto. Decía que era demasiado hasta para una novela, le dije que era una historia real y terminé contándole que yo era quien lo padecía. Respiré profundo y respondí:
-No hicieron nada. No se los dije.
-Y ¿por qué no se los dijiste?
- Porque ya tenía mucho tiempo sin verlos, al parecer mi enfermedad se había agudizado a tal grado que me había alejado de todo el mundo y mi retorcida mente quería creer que ellos se habían alejado de mi. Sólo mi mejor amigo lo supo. Incluso antes que mi propia familia. Él fue quien me acompañó a mi primer consulta y quien estuvo ahí para escuchar el diagnóstico. Él fue quien me consiguió mis primeras cajas de medicamento porque yo apenas tenía dinero para la consulta y él fue quien pagó mis primeras siguientes citas con los psicólogos y el psiquiatra.
-¿Psicólogos y psiquiatra?
-Psiquiatra para tratar mis trastornos y los psicólogos para ayudarme con las consecuencias de mis trastornos. El TLP no se cura, pero con medicamento curas los otros trastornos que lo agravan y con terapia aprendes a controlar los intentos de suicidio y el daño que te causas cuando te pones "al límite".
El otro psicólogo me ayudó con el trastorno alimenticio producto de todo lo demás.
-¿Y quieres publicarlo? Porque sabes que la prensa te comerá viva si se entera que tú eres la protagonista de esta historia.
-Te la traje para que me dijeras si valía la pena publicarla. Pero ya me respondiste. Hasta para una novela son demasiados trastornos. Probablemente todos creerían que exageré.
-Honestamente no sé qué decirte. Jamás imaginé que tú podrías ser realmente "esa enferma mental" que escribió sus reflexiones.
-Ahora lo sabes. Pero por favor no se lo digas a nadie. Ni siquiera mis amigos lo saben. Sólo supieron que estuve internada pero nadie les contó los detalles. Y prefiero que así se quede. Una persona como yo no puede tener amigos porque estos pueden salir dañados si se enfrentan a una crisis. Para seguir conviviendo tendrían que ir a terapia y a grupos de ayuda para familiares y amigos de los pacientes con TLP y apenas si mi mejor amigo aceptó el reto. Ni siquiera mi familia quiso intentarlo. Hace años mandé el ultimo mensaje a cada uno de mis amigos, eran pocos pero había vivido muchas cosas con ellos y decidí intentar hablarles de mi estado mental.
Casi todos respondieron, excepto uno. Todos quedaron en checar cuando nos podíamos ver. No volví a ver a nadie.
Tú eres mi editor y has leído todas mis confesiones escritas en ensayos, poemas y novelas. Por eso me atreví a contártelo. Pero prefiero que se quede entre nosotros. Y la novela me la llevo. Tal vez dentro de unos años esté lista para publicarla. O tal vez escriba sobre tres amigas que se conocieron en terapia y cada una tiene uno de mis trastornos. Así podría ser más creíble ¿no crees?.
- Tal vez, siempre encuentras la forma de hacer que tus historias parezcan una historia real, ya ves lo que dicen algunos, tienes mucha imaginación, aunque tú y yo sabemos que en realidad, tienes mucho que contar...
Drew Cabral ®
viernes, 20 de julio de 2012
miércoles, 4 de julio de 2012
Reflexiones de una enferma mental...
Lo vi como en un espejismo. Alto, con barba y bigote recortados, su playera tipo polo y sus jeans impecables. Si no fuera porque había subido algo de peso, habría creído que el tiempo no pasó por nosotros cuando me sonrió.
Hola. Dijo. Hola. Respondí.
Deposité mis boletas en las urnas y salí unos metros detrás de él. El mundo se movía en cámara lenta, mientras yo lo observaba caminar en un fondo sepia sintiéndome normal otra vez.
Juro que el minuto que tardé en estar parada de nuevo junto a él, fue el más largo de mi vida. Saludar a su papá después de todos estos años fue reconfortante, conocer a su esposa y a sus hijos, fue aterradoramente conmovedor. Pensé: "te casaste, tienes dos hijos y toda tu familia se ve feliz, casi lo mismo que yo; me comprometí, mis padres se separaron, me diagnosticaron un trastorno mental, ingresé al psiquiátrico, me plantaron en el altar (en realidad un poco antes) y estoy fuera pero debo seguir tomando mis medicamentos...
Me pregunto cómo habría sido mi vida si nuestra timidez no hubiera interferido. Escuchaba a tu padre pero no podía dejar de sonreír y noté que tú tampoco. Mi corazón latió con prisa al estar a escasos centímetros de ti. Una ola de cordura me envolvió, fue como si la familiaridad de tu presencia reordenara mis neuronas y aceitara mis procesos mentales.
La nostalgia me embargó cuando nos despedimos. No quería irme. No quería alejarme tan pronto de ti, porque no quería que la locura se apoderara de mi otra vez.
Pasé el resto del día pensando en ti. Recordando aquel viejo amor de niña ingenua que sentí una vez por ti. Las sonrisas tímidas, los saludos torpes y provincianos. La imagen de ti a través de la ventana observándote lavar tu camioneta. Un mundo perfectamente ordenado que perdí hace siglos. Había arrumbado esos recuerdos en algún rincón oscuro de mi retorcida mente. Los había abandonado como si no importaran. Pero hoy me doy cuenta que son más importantes que nunca, porque no son sólo recuerdos, son fragmentos de quien fui alguna vez, piezas importantes de la chica buena y cuerda que antes fui. Al menos de la no tan trastornada que otros recuerdan.
No creo que te vuelva a ver. No sé porqué el caprichoso destino te cruzó de nuevo en mi camino. Pero no sabrás nunca cuánto agradezco este encuentro. Me ayudó más que los cientos de pastillas que tomo desde hace meses.
El simple regalo de poder escribirte todo esto, como las interminables historias que te escribí en la preparatoria, que haya vuelto a ser mi inspiración una vez más, es invaluable.
Drew Cabral ®
Reflexiones de una enferma mental...
Extraño el hospital psiquiátrico. Deambular por los jardines, usar ropa cómodamente blanca, escuchar los delirios de los otros pacientes, charlar con aquellos que están allí por la misma razón que yo: si pasan más tiempo afuera terminarán por volverse realmente locos.
Recuerdo la primera vez que le dije a mi madre que tomáramos terapia familiar -¿para qué? Si la que tiene problemas eres tú- y claro, si te intentas suicidar una vez debe haber algún problema con tu familia pero si lo intentas tres veces tú debes ser el problema de tu familia, ¿O no?
En alguna época de mi vida tuve unos cuantos amigos con quienes creí que podría contar siempre, buenas personas, algo excéntricos, supongo que por eso nos llevábamos bien.
Formamos un pequeño grupo elitista que se reunía al menos dos veces por semana, solíamos salir a comer o nos íbamos a pasear a un sitio donde la gente solía ir a escalar. Nosotros no teníamos equipo para hacerlo pero unos buenos tenis y nuestras manos eran suficientes para poner nuestras vidas en peligro y regresar luego muertos de cansancio a casa.
Los veía más que a mi propia familia y creí que así sería siempre. Fue curioso cuando me internaron, porque creí que no tardarían en visitarme pero nunca lo hicieron.
Mi mejor amigo intentó sutilmente hacer que me visitaran pero todos hicieron lo mismo, me mandaron mensajes y uno de ellos me llamó.
"¿Por qué no les dijiste lo que te pasa?" Me preguntó el psiquiatra cuando le conté lo sucedido. Le dije que siempre me era más sencillo sonreír, decir estoy bien y cambiar de tema porque explicarles que tengo una enfermedad mental no es lo mismo que decirles estoy enferma de gripa.
-Para ellos sólo soy una amiga dramática que haces tormentas en vasos de agua. Que se aleja y que siempre vuelve. Explicarles que sufro de un trastorno de la personalidad limítrofe probablemente los alejaría para siempre, porque una cosa es decir estoy loca y que me digan "lo sé" y otra que les diga que clínicamente me han diagnosticado una enfermedad mental. Eso ya son palabras mayores.
Y lo fueron, cuando mi amigo les dijo que no estaba de viaje como mi madre les había dicho y que me encontraba a tan sólo una hora de camino en una clínica de salud mental porque mis intentos de suicidio no sólo eran para llamar la atención sino ocasionadas por una enfermedad mental real, todos se asombraron y prometieron ir a verme pero ninguno lo hizo. Y hace ya bastante tiempo que no sé nada de ellos.
Extraño el hospital porque allí no tengo que sonreír cada vez que me topo con otro ser humano y puedo decir libremente hoy amanecí con ganas de morirme sin que me juzguen o me tachen de emo. Para los otros pacientes sólo soy normal, como ellos. Para los médicos y las enfermeras estoy enferma y punto.
En cambio, aquí afuera, puedo decir que voy al médico porque tengo gripa, al ginecólogo si estoy embarazada o al templo porque necesito confesarme; pero si se me ocurre decir en voz alta que voy al psiquiatra porque tengo una enfermedad mental, nadie querrá darme trabajo, se alejarán como si tuviera lepra y sentirán lástima por mi.
Lo más difícil de estar enferma es tener que sonreír y fingir que estoy bien todo el tiempo. Lo más difícil de estar enferma, es no poder ser yo misma, es no poder ser YO.
Drew Cabral ®
Reflexiones de una enferma mental...
"-¿por qué estás en letras wey?
-¿yo?, porque escribo mejor de lo que hablo..."
Conversación entre dos compañeros de la carrera.
Sí, es cierto, escribo mucho, doy clases y alguna vez di temas en la iglesia y quienes dicen conocerme podrían poner las manos al fuego para jurar que yo sí sé expresarme, pero la verdad es que no es cierto.
Puedo explicarte el mundo, pero no puedo decirte sin rodeos lo que el mundo me hace sentir...
Sé redactar un informe detallado de cualquier cosa menos de lo que quiero o de lo que estoy sintiendo y mucho menos de lo que estoy pensando...
Aún hablando en vivo se me van millones de palabras que cruzan por mi mente cual estrella fugaz.
Y no creo que sea malo, pero es aterrador hablarte para decirte que te necesito y que la vas a pasar mal porque sólo quiero desahogarme y llorar hasta el cansancio; me es mucho más sencillo invitarte a tomar una taza de café y platicar de banalidades porque, si intento hacer lo que realmente quiero hacer me etiquetarás con la palabra EMO cuando en mis tiempos me llamaban tan sólo depresiva...
Siempre he llorado, siempre he gritado y siempre he sufrido ataques de ansiedad y paranoia pero antes era mucho más sencillo expresarlos en un poema sin sentido que muchas veces ni tú mismo entendías, hoy escribes cualquier cosa triste o le dices a alguien "siento que se me viene el mundo encima" y sólo saben decir eso: EMO.
Así que mejor me ahorro mis palabras y cuando me preguntas cómo estoy me limito a contestar BIEN, porque decirte la verdad no servirá de nada.
Cuándo te digo "ojalá nos veamos pronto" es porque ya no me atrevo a decirte "ven a verme que siento que el mundo me asfixia". Cuando te digo "luego nos ponemos de acuerdo" en realidad quisiera decir que me digas si puedes verme hoy o mañana, que me digas dónde te veo pero la última vez que lo hice te reíste en mi cara y me llamaste desesperada.
Así que no sé cómo demonios pedirte que pases el día conmigo, ni siquiera me importa si es en silencio, sólo necesito estar con mis amigos.
Y como "escribo mejor de lo que hablo", aprovecho este texto sin sentido para recordarte que en mi triste vida, no necesitas sacar cita para verme, si andas en la calle y te das cuenta que te ha sobrado tiempo, llega a mi casa, que siempre tendrá las puertas abiertas para ti, aún cuando verte sea más difícil que ver al Santo Padre.
Para todos mis amigos, que en realidad ni son tantos.
Drew Cabral ®
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
