Viaje sin destino
13112012“Los viajes son los viajeros.Lo que vemos no es lo que vemos,sino lo que somos.”Fernando Pessoa
¿La vida es un viaje o un paseo? Cada cual ve la vida de diferente manera y la vive de acuerdo a sus ideales. Para algunos es un importante viaje donde debemos tener un destino y todo debe tener una razón de ser. Cada paso está planeado y fríamente calculado; los tropiezos son inconcebibles y la improvisación está fuera de lugar.
Sin embargo ¿qué clase de vida sería esa? La vida debería ser considerada un paseo. Recordar que estamos de paso, que sólo tendremos una oportunidad de dejar huella en el mundo y asegurarnos de hacerlo memorablemente. Nada nos costaría recordar que al igual que en el paseo habrá momentos en los que el paisaje será excelente y digno de admirar, pero otras veces lo digno de contemplar será nuestra vida misma. Introspección.
Dicen que los jóvenes nos aislamos del mundo detrás de un aparato electrónico o unos audífonos. Si supieran que muchas veces no escuchamos la canción o no vemos realmente la película. Que nos perdemos en nuestros propios pensamientos y que vemos la vida con tal profundidad que a veces cuesta no ponerse a llorar a medio camino.
Hace mucho que la vida dejó de ser nacer, crecer, casarse, reproducirse y morir. Dicen que ya no nos tomamos la vida en serio pero creo que es todo lo contrario. Nos la tomamos tan en serio que sin pensar en lo que hacemos pensamos demasiado.
Vivir sin arrepentimientos no es vivir. Tenemos que equivocarnos y aceptar que existen muchas cosas de las que nos arrepentimos. Considero más sabio a quien admite que hubiera preferido no hacer esto o aquello que a quien hipócritamente dice no arrepentirse de nada. Aceptar que ya no podemos dar la vuelta atrás es amigo del arrepentimiento. Por qué no admitir que a veces quisiéramos crecer otra vez, hacer un par de cosas diferentes.
Me acepto en la medida de que soy capaz de aceptar que me equivoqué varias veces. Si realmente no nos arrepintiéramos de nada cometeríamos los mismos errores una y otra vez, la prueba de que nos arrepentimos es precisamente ese pisar más cuidadoso para no caer en el mismo hoyo.
Paseamos, al menos yo paseo, siempre me resulta incómodo y martirizante cuando la gente me pregunta qué voy a hacer cuando termina la carrera, nunca me ha importado que me pregunten qué estudio, pero qué molestia es responder sobre el futuro. Estoy de paseo, a veces observo el paisaje, tomo notas, veo dentro de mi y cuando me estoy asustando veo de nuevo afuera.
La vida no son un altero de cuadernos guardados en varios rincones de la casa, diarios, bitácoras, historias a medias y medias historias. Reflexiones, pensamientos, palabras, hojas blancas con sólo la fecha en una esquina, porque a veces hay tanto que decir que se sabe de antemano que nada de lo que se escriba será suficiente. La vida no son las cicatrices, físicas y espirituales, no son los tropiezos ni las caídas.
La vida es un instante, el instante de ahora que se esfuma mientras escribo. La vida es un largo paseo por calles que no conocemos y con gente que jamás habíamos visto. Es caminar sin destino pero nos convencemos que vamos de viaje y queremos tener todo preparado, aunque al final nada pueda prevenirse.
Qué manía por controlar todo cuando nada es controlable. Hacer planes sólo trae frustraciones, porque si somos honestos, nada resulta como lo planeamos, dice un dicho mexicano que si quieres hacer reír a Dios, le cuentes tus planes y creo que no está muy alejado de la realidad.
Al final lo único que queda es la poesía, ese rompecabezas de palabras donde escondemos nuestro ser a la vez que lo exponemos, esa suerte de palabras entretejidas que de lejos forman una imagen y de cerca muestran un montón de cicatrices que tratamos de maquillar. Poesía es dejar las heridas abiertas y de vez en cuando echarles sal sólo para recordar que siguen ahí.
La poesía es capaz de congelar el tiempo y a la vez viajar a través de él. Es la única capaz de hacer que perduremos y nos eternicemos. Es la única amiga que se queda en tiempos de alegría, de ira de tristeza o simple melancolía. Cuando la familia se va, cuando los amigos se esfuman, cuando Dios se marcha, solo nos queda la poesía, sólo nos queda esa antiquísima amiga, una hoja blanca y un tintero. Para escribir sobre la experiencia de viajar aún cuando no sabemos el destino.
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