LÍMITES
Anoche volví al hospital psiquiátrico porque ataqué a un hombre. No puedo describir lo que hice porque la verdad no lo recuerdo. Lo único que recuerdo es que mis manos estaban llenas de sangre cuando desperté en mi cama. Se suponía que llevaba un excelente avance, mi terapeuta estaba orgulloso del progreso que había mostrado. Tenía un pequeño trabajo de secretaria y la trabajadora social no dejaba de admirar lo que había hecho en mi departamento. Un lugar pequeño pero acogedor. Incluso me había felicitado.
Pero algo sucedió, no recuerdo qué. Mi mente está bloqueada, tengo una enorme laguna mental, un hoyo negro en mi cabeza. No sé qué sucedió. Sólo sé que mis manos estaban manchadas de sangre que no era mía cuando desperté en mi cama.
Sé que he procurado guardar todos esos sentimientos negativos hacia los malos tratos de la gente, ese rencor hacia los que se pasan de listos conmigo pero no dejo de tomar mi medicamento y hace seis meses que no falto a ninguna de mis terapias. Sin embargo, mis manos estaban llenas de sangre que no era la mía y la ropa que llevaba un día antes estaba empapada en sangre cuando me levanté de mi cama.
La vecina llamó a la policía y ellos a su vez llegaron con ambulancias. Tuvieron que despertar a mi terapeuta y él se encargó de que yo no pisara la cárcel ni un minuto.
Cuando salí de casa escoltada por los guardias del hospital, vi escrito sobre la pared de mi fachada la palabra LÍMITES. En mayúsculas y con sangre. Aún no sé qué sucedió o por qué desperté con las manos llenas de sangre en mi cama.
(R) Drew Cabral
