I
Soy.
Lluvia de soles invernales en un lánguido paisaje,
Luna de flores menguantes dentro de un mar sin agua,
Avenida intransitada, semáforo sin rojo.
Caminos sinuosos, interjección inmotivada.
Grité, berreé, lloré, hablé, susurré mi nombre.
Lo escuchó. Se acercó.
Tristeza suya y mía, mala combinación.
Y sin embargo...
Trueque de sentimientos, negocio bien planeado.
Títeres de la repugnante existencia,
mayor conflicto que el de intereses monetarios.
Su verso rimó con el mío.
Mío era él, yo. Yo no soy de nadie.
Ni tuya ni suya ni siquiera de mi.
II
Conflicto religioso, tal vez soy de Él.
Y cómo saberlo si he sido del mundo.
Del mundo, de dioses piratas inmersos entre nosotros.
Me confunde. Te confundo.
Juntos para siempre pero siempre hasta cuándo.
Conflicto espiritual. Ellas, mujeres serenas, extrañas, amables, que Le reflejan, que Le anuncian, que Le contemplan.
Mujeres que están en el mundo sin ser del mundo.
Yo, yo Lo contemplo pero sigo siendo del mundo.
Ellas me confunden. Un día están y al siguiente ya no.
Él está todo el tiempo y me sigue, me vela, me espía, me susurra
y algo está cambiando.
Estuve ahí, intento fallido de dejar el mundo por Él;
estuve; pero mi corazón se dividió;
estuve, estaba, ¿Volveré a estar?
¿Lo sigo y te dejo?
¿Te sigo y lo sigo?
¿Puedo seguirlo quedándome contigo?Ambos implican entrega
y ambos me han herido con su amor,
El dolor contigo lo conozco, con Él sólo lo intuyo.
Agonía de decisiones, camino bifurcado,
corazón demente que sabe a quién ama más,
corazón indecisamente seguro.
Cerebro estúpidamente racional.
III
Y sin notificación anticipada,
llega ella como visitante inoportuno.
Hace y deshace lo que quiere, porque quiere y cuando quiere...
Yo me limito a observarla. Algo está planeando; espero, creo, dudo.
Se lleva y desaparece sin desaparecer los signos más importantes de mi vida. Arranca páginas a mi bitácora y escribe nuevas líneas.
Como queriendo desaparecer lo que ya está escrito aunque sabe mejor que nadie que ya permanece en el mundo infinito.
Transcurren los momentos y todo es tenebroso, aunque en mis horas habitan seres luminosos prevalecen los del inframundo.
Y a veces se me ocurre buscarla en el espejo pero es inútil. No la veo. Por supuesto ella sí me ve a mi.
IV
Pero últimamente todo está cambiando,
El conejo blanco que mira el reloj es ahora completamente normal.
La mirada sociópata y el andar desgarbado ya son la cotidianidad.
Todo tiene sentido. Es verdad, ahora las odio y les he quitado lo divino.
Pero al fin y al cabo las excluí de mi vida y mi vida me excluyó de la suya.
Todo ha vuelto a la perfectamente chiflada normalidad. Yo soy yo sin ser yo misma y me parece terriblemente bien.
Qué importa que mis ojos vean la lluvia constante correr tras los cristales de mi alma mientras lo que vivan allá afuera no dejen de ver brillar al sol.
Qué importa! Que ruede el mundo y mi suelo haya dicho stop!
Prefiero la locura de mi cordura que la cordura de sus locuras...
Al fin y al cabo,
así
Soy.
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