Autobiografíalectora
“Sia cambio de mi amor a la lectura
vieraa mis pies los tronos del mundo,
rehusaríael cambio.”
Fénelon
Mi madre aseguraque desde temprana edad mostré inquietud por la lectura; cuenta que cuandotenía apenas dos años me acerqué a hablar con ella, preocupada porque aúncuando sabía hacer muchas cosas, no sabía leer. Ella me tranquilizóasegurándome que cuando fuera al jardín de niños, me enseñarían a leer, pordesgracia el año en el que entré hubo alguna especie de reforma educativa y sedebía esperar hasta la educación primaria para iniciar el proceso delecto-aprendizaje.
Aún así hojeabalas revistas y libros que había en casa y que veía a mis padres leyendo, puessiendo la hija mayor, ellos eran mi único ejemplo. Al ingresar a la educaciónprimaria adquirí el gusto por la poesía y los cuentos, además de empezar a serfiel lectora, al igual que mis padres, de la revista Selecciones de Reader's Digest, y no me avergüenza decirlo,teníamos varios ejemplares en el cuarto de baño, donde pasábamos largos ratosleyendo.
Después fue tantami curiosidad por seguir leyendo, que sacaba las revistas del baño, revistaspor las que a veces mis papás se regresaban, para buscarlas, en ocasiones algoenojados por ésta pérdida de tiempo. Luego, volvían corriendo al baño, que amanera de carrilla familiar, hasta la fecha seguimos llamando"biblioteca".
Fue en lasecundaria cuando los artículos me parecieron muy cortos y empecé a buscar algomás que leer, encontré libros de poesía en casa de mis abuelos, recuerdo ligeramenteun libro de mi papá de Gustavo AdolfoBécquer, y recuerdo la primer novela que leí: Alrededor de la ciudad de Mary Higgins Clark.
Es una versióncondensada que Reader’s Digest presenta en volúmenes que contienen hasta cuatronovelas, y por alguna razón, cuando estando en casa de mi tía vi sus libros,ese fue el que más me llamó la atención, sólo recuerdo que en ese momento “unachica con personalidades múltiples” acaparó por completo mi atención y fue ahícuando me enamoré de las novelas.
Durante lasecundaria, aproximadamente en segundo año, inicié una lista con los títulos delos libros que iba leyendo, cuando llegué a tener cincuenta títulos me sentíaemocionada, porque sabía algo sobre las estadísticas de la lectura en México yme gustaba no ser parte de los no lectores. La última vez que anoté un títuloen ese diario, llevaba aproximadamente 150 títulos y eso fue hace ya bastantesaños.
Mi maestro deespañol del tercer grado de secundaria, nos animaba mucho a leer, escucharlodeclamar poesías clásicas como las de Sor Juana o leernos algo de El mío Cid,nos mantenía embelesadas, y era realmente la lectura porque el maestro no erani joven ni guapo. Y fue entonces cuando leer me parecía poco: comencé aescribir mi propia poesía y mi primera novela, la cual fue un éxito entre misamigas y compañeras del grupo.
Para seguirescribiendo no podía dejar de leer, necesitaba empaparme de las letras deotros, por desgracia fueron pocos los que me guiaron en mi camino por lalectura y he leído muy poca literatura mexicana, incluso latinoamericana. Losclásicos griegos me los pidieron como lectura obligatoria en la clase deHistoria, en esta misma etapa y ya sea por la materia o por la maestra, pero nolos disfruté. Apenas hoy empiezo a retomar esas lecturas con otra perspectiva ycreo que no habría podido leerlas con el mismo gusto en otras épocas de mi vidacomo lo hago ahora movida por la experiencia compartida de mis maestros.
La gran desventajaes que aunque mis padres tienen el buen hábito de la lectura, no son asiduoscompradores de libros, y la verdad es que los libros que hoy hay en mi casa,los he comprado yo, me los he ganado en concursos de lectura en voz alta o bienme los han regalado. Otros libros que he leído fueron prestados, electrónicosmuy pocos, y muchos de mi hermana, claro que comprados a su gusto.
No puedo definircon exactitud mis preferencias en autores o géneros, porque mis librosfavoritos no pertenecen ni al mismo autor ni al mismo género esto aunado alhecho de que los prefiero por distintas razones. Durante muchos años mi librofavorito fue una obra de teatro: Romeo yJulieta de William Shakespeare, creo que más que nada porque yo eraadolescente y me identificaba con lo romántico-trágico de la historia, o queríaidentificarme.
Luego pasarondiferentes libros por mis manos y así mismo iba cambiando de “libro favorito”,pero debo confesar que en los últimos años no ha habido libros que logrensustituir a mis tres favoritos: Elsecreto de Donna Tartt, Brida dePaulo Coelho y La Historiadora deElizabeth Kostova.
Tras la separaciónde mis padres, mi estilo de vida cambió, así como mi estado de ánimo, por loque en los últimos dos años he disminuido la cantidad de libros que solía leeren promedio por año, sin embargo al elegir la carrera de Letras, he logrado recuperar y superar mi antiguo ritmo de lectura, con tres o cuatro lecturas diferentes por semana, mi amor por la lectura se ha fortalecido y como consecuencia mi insaciable gusto por la escritura ha regresado. Así que aquí me tienes, ensayando las letras...
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